NOTA DE LA BLOGUERA:
He estado floja, lo sé, pero vuelvo en gloria y majestad con una bloguera invitada, y es de lujo, dejo con Uds. a una gran madre, esposa y profesional, y, por supuesto a una gran amiga. Ella está al otro lado de la cordillera, pero como verán, en todos lados se cuecen habas, o en este caso, se intenta hacer malabarismo entre los hijos, el marido y la pega... Acá va:
…Este es mi humilde homenaje. A todas aquellas mujeres que están solas con sus hijos a cargo, sin maridos ni círculo cercano que las contenga y apoye. Sin más sostén que sus propios brazos y su corazón abierto para dar, cada minuto que pasa, más amor a sus hijos.
Pude acercarme mínimamente a esa realidad esta semana, al tener una nueva experiencia de “madre a cargo de casa e hijos” por una semana, con dos niños: una niña próxima a cumplir los 4 (Clara) y un bebé de 8 meses (José Ignacio).
Sin ser una feminista de vanguardia, les aseguro que después de esta, mi segunda experiencia con los dos chicos sola, no puedo dejar de pensar en todas aquellas madres que andan solas por la vida (quiero decir sin pareja) y que heroicamente se hacen cargo de sus hijos trabajando, estudiando y/o ejerciendo sus profesiones.
La mía fue una experiencia chiquita. La de ellas, en muchos casos les tomará toda su vida.
Me quedé sola estoicamente a cargo del barco desde un sábado cualquiera hasta el sábado siguiente. Otro viaje más de trabajo de mi maridito me puso nuevamente ante el desafío de lo que creo nos sale de entrada: “yo me la puedo”….aunque pensándolo bien: AUXILIO, SOCORRO, necesito de más manos que me ayuden a atajar lo que por momentos es un manicomio, un caos ensordecedor o un concierto de múltiples voces en distintos tonos musicales o estruendosos, como prefiera mirarlo.
¿Quién? Familia? No tengo acá lamentablemente. La de mi marido es chica y casi que no cuenta para estos menesteres. De hecho, hace un mes que les anticipé de este viaje a mi cuñada y suegro y de la primera sólo tuve un “sí, cualquier cosa arreglamos con papá”. Ah!, pero igualmente debo agradecer que se dieron una vuelta la segunda noche, porque ella tenía que aprovechar de sacar unas medidas de ventanas para su curso de confección de cortinas. Entonces, como las necesitaba se autoinvitaron a comer el domingo (aunque me traían una pizza, claro). Pero como teníamos un cumple con Clara y el tiempo no iba a dar, lo dejamos para la tarde-noche y me dieron una mano con la comida y baño de los chicos. Y sería todo, “suerte, cualquier cosa llamanos!”.
También debo agradecer que vino dos noches nuestra amiga que nos da una mano con estos menesteres infantiles y hogareños (este es uno de sus trabajos). Así que primera premisa: no quejarse. Recuerda: esto es sólo por una semana, hay mujeres que lo viven toda su vida.
Comenzamos el sábado: una jornada donde Clara estuvo bastante contenida gracias a una amiguita que vino a jugar a casa.
El domingo “el” programa fue el cumpleaños de una amiguita del jardín de Clara, así que todo el día fue en función de eso. “Yo la llevo y la traigo”, me ofreció una mamá del jardín amablemente, “así tu descansas, duermes la siesta o lo que quieras hacer”. Siesta? De qué me hablan!, ya no sé lo que es eso!, nunca fui fan de siestas y menos después de tener hijos!!!. Cuando lo he intentado justo se despiertan o pasa algo y me quedo con un humor peor que si no me hubiera acostado. “Mira, mi programa esta semana son ellos, así que gracias, no te preocupes!”, le dije.
Y empezamos la semana: lunes y martes bien aunque al más chico se le alteraron sus rutinas de sueño por la tarde, con lo cual, sólo me dedicaba a hacerlo dormir y terminé a las noches con los brazos y espalda hechos trizas. A esto se suma que Clarita se hace pis por las noches cuando “emocionalmente” no está bien (cuando la hemos retado por algo o cuando está triste por extrañar, como en este caso), con lo cual para “asegurarme” de que aquel evento no ocurriera, la llevaba a hacer pis dormida antes de ir a acostarme yo. Pero zas! No llegué al segundo día y ya se había hecho pis minutos antes de que la llevara (me dí cuenta porque su ropa mojada y la cama meados estaban calentitos…) si, un asco, peor fue sacarla de ahí dormida para lavarla considerando que la niñita ronda los 20 kilos. Y no se despertó nunca!.
Miércoles: control de José Ignacio y cuando volvíamos, zas!, el evento que tenía que pasar: un pequeño accidente de Clarita. A correr con ella a la guardia médica ni bien llegué con José Ignacio y por supuesto ese día se quedó sin ir al jardín. Un golpe que pudo haber terminado en fractura pero que se curó bancándose los llantos, con cremitas, jarabe desinflamatorio y parches curitas sicológicos (sólo tienen ese efecto, porque no los necesitaba en realidad). “Todo sigue bajo control”, me seguí diciendo.
Jueves: Clarita de vuelta al jardín. Mi suegro que vino para llevarla y de paso le pedí que se quedara “un ratito” con Josesito mientras dormía la siesta para poder hacer algunas compras en el súper lo cual implica: ir hasta allá, cargar rápidamente el carrito sin que se olviden las cosas (olvídense de la listita escrita en papel a estas alturas), cargarlas en el auto, volver hasta casa y descargar todo para acomodarlo en su lugar. Ay como amo ir al súper!!! Un programón!!!!
Ya para eso se hizo la hora para reitrar a Clarita del jardín. Nos fuimos con José Ignacio y terminamos en una placita con juegos porque ir a otro lugar a veces es mejor que pasar 4 horas en casa hasta que se termina el día.
Y llegamos al viernes, la mayor ya no puede andar más pegote conmigo. El enano sigue peleándose para no dormir la siesta (y después anda de mal humor por no dormir). Ya no queda nada, es la última noche y mañana al mediodía llegará papá.
Debo decir que mucho de lo que ocurrió esta semana fue “una cuestión de actitud” como diría el gran Fito. Actitud de: no amurrarse por no estar en ese privilegiado lugar en el que está mi esposo (no me refiero sólo a Europa, sino al lugar que tiene en su trabajo), visitando lugares hermosos y ser “alguien importante” que envían con gastos pagados, cuando yo estoy sin trabajo hace meses y soy tan profesional que él. Es decir, actitud de NO A LA ENVIDIA. Esto es una etapa y seguro que si estuviera trabajando el reclamo sería “quiero pasar más horas con mis hijos” (al final, siempre estamos desconformes).
Actitud de “esto no me sobrepasará, tengo todo bajo control”. Aunque el enano de 8 meses grite como si lo estuvieran ahorcando porque algo no le gusta, con Clarita que no para de saltar y correr por todos lados, mientras yo intento cocinar.
Actitud de no romper rutinas: entonces, mientras se baña Clarita, a José Ignacio ponerlo en el coche en la puerta del baño para que mire y no se sienta solo…y mientras lo baño a él, dejar a la más grande en la cama reencontrarse con algún cuento que hace mucho no veía…Las rutinas de: comida, baño, cuento (a la más grande), pecho (al chiquitín) y a dormir no podían faltar esta semana. Ya bastante es que el padre esté ausente estos días. Sí, podía hacer todo eso en simultáneo, sólo tenía que enfrentarme a la situación…..aunque ahora necesite por lo menos otra semana más para reponerme.
En fin, actitud. Una gran lección de esta semana ha sido que esa contención que necesitan los chicos en gran parte se logra ESTANDO, tirándose al piso, jugando, siendo (aunque sea por momentos), como niños. Así te ganas su escucha, que te hagan caso, hay más capacidad de negociación. ENTENDIENDO que a veces están cansados, que tienen sueño y que van entonces a ponerse a llorar por cualquier cosa y que lo mejor es hacerlos reír o desviar su atención y no enojarse. Y sobre todo, MANTENIENDO LA CALMA.
Más que autocompadecerme (no es la idea), sólo quería compartir algunos aprendizajes de lo vivido. Estoy cansada, muy cansada. Quisiera que mi marido a su vuelta me lleve a alguna salida solos, sin niños, irme a caminar por un paisaje bello, comprarme maquillajes y preocuparme de la depilación que no he podido hacerme, el pelo que no me he podido cortar, repito, sin niños. No porque me los quiera sacar de encima, LOS AMO y haría lo que fuera por ellos, pero las mujeres necesitamos estar plenas en todas nuestras dimensiones: mamás, profesionales, esposas, amigas, lindas y bellas. Somos un todo y no sólo la suma de las partes. Necesitamos tiempo para nosotras, para desarrollarnos profesionalmente, para hacernos cargo de nuestra casa, y sobre todo, para estar con nuestros hijos. Estoy segura que muchas mamás que trabajan darían lo que fueran por pasar el tiempo que yo he tenido estos meses con mis hijos, pero créanme que el equilibrio para nosotras es lo mejor.
Y por otro lado, sigo pensando en aquellas mujeres que viven esto no sólo una semana sino su vida completa. Y le dan la vuelta a la vida y son felices por ver crecer a sus hijos y sus hijos ven en ellas la protección, la seguridad y el amor pleno que necesitan para crecer. Créanme que las admiro. Y este fue mi humilde homenaje para ellas.
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Yo soy una de la que es mamapapa a tiempo completo! asi que gracias por las palabras
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