viernes, 30 de julio de 2010

Lo que a mí me funciona

Mi Facebook dice desde ayer algo así: "Dos controles esta semana, la próxima examen de y control del ramo nuevo y la siguiente, examen de nuevo, ¿No será mucho?". Ante este autodiagnóstico y su poco glamorosa declaración pública en la web, ha resultado por decir lo menos, gracioso, ver cómo las personas declaran que "Les Gusta" mi estado, como si la desgracia ajena fuera motivo de alegría... bueno, pensándolo bien,nuestra cultura chilensis siempre ha sido un poco así. Hay cierto morbo en el padecimiento del otro.
Como sea, prefiero pensar que a mis contactos virtuales les "gusta" no mi sufrimiento académico, sino más bien el hecho que esté estudiando, perfeccionándome, adquiriendo más competencias profesionales o el eufenismo que quieran usar para decir que estoy reventada entre clases, análisis de casos, libros y papers.
Lo aún más wako es que un amigo, de hecho, mi mejor amigo, comentó mi estado del face poniendo el detalle de los exámenes, certámenes y presentaciones que él tiene esta semana en su MBA (con ramos que, al menos en el papel, suenan más peludos que los míos), como broche de oro luego de la enumeración, posteó la siguiente frase: "¿Cómo te quedó el ojo?"
Yo, muy digna, le contesté que el ojo me había quedado exactamente igual (chico y rojo de tanto leer) porque mal que mal el es soltero, se está cambiando de pega y no es papá. Y yo, yo bueno, soy mamá, esposa, dueña de casa, profesional, docente y ahora, además, estudiante otra vez.
Como si fuera poco, la pega estas semanas ha estado fatal, entre la mucha que hay y los cambios al interior de la empresa en los niveles gerenciales, que hacen que de mi jefatura directa para arriba todos anden medio saltones.
Ojo, no me quejo, yo me metí en este baile solita y mi única alternativa es hacerme cargo de mi nueva etapa de estudiante, no hay de otra. Sin embargo, la catarsis es necesaria. No se trata de andar de víctima por la vida, pero un poquito de empatía tampoco anda mal.
Para colmo, como soy reñoña (el ñoña ya me quedó chico) estoy fichando los textos y haciendo resúmenes. Según algunos, sólo me falta subrayarlos con lapicitos rosados con olor a frutilla. La verdad es que los lapicitos que ocupo son plumones fosforescentes y no tienen aroma, pero la última vez que un colega me vio estudiar -con subrayado incluido- se burló de mí, con un comentario que no recuerdo bien, pero que básicamente me comparaba con aquel pasaje de la película "Legalmente Rubia" en el que la protagonista entrega su curriculum en un muy singular papel rosa perfumado.. Alla él, pensé. Momento seguido, el espíritu santo de posó sobre mí y recordé las palabras sabias, y quizás hasta premonitorias que un doctor amigo de mi familia -con la nada despreciable suma de 12 hijos (no, no es opus)- me regaló hace ya casi 10 años atrás. Cenábamos en su casa junto a mi actual marido (entonces apenas mi pololo) y no pude evitar consultar por el silencio monástico que reinaba en el hogar a las 10 de la noche (recuerden, 12 hijos). El prolífico padre se limitó a contestar: "mantén el orden, que el orden te mantendrá".
Tras 9 años como profesional, 5 como esposa y poco más de 3 como madre, mentiría si digo que he aplicado el precepto al pie de la letra. En efecto, creo que he estado más bien lejos de él... probablemente como muchas de ustedes pierdo con facilidad el celular, llaves, agendas, tarjetas de invitaciones a cumpleaños de las niñas, trabas (no sé cuántas veces alguna de las tres cadenas de farmacias, coludidas hasta en el precio de los collets, me han visto ir por un set de pinches de colores con florcitas o mariposas para las ñiñas).
Sin embargo, tengo cosas que sí me resultan. De un tiempo a esta parte -probablemente con la edad y el conocimiento de sí misma que sólo dan los años- he asumido que tengo una memoria de elefante para algunas cosas (por ejemplo, soy excelente fisonomista, no olvido un nombre y aplico "ni perdón ni olvido" a una traición). Pero también sé que tengo recuerdos demasiado frágiles para ciertas cosas prácticas que una buena madre y profesional debiera, en lo posible, retener. Vieron la película Memento???. Pues algo así (aunque no estoy para tatuarme todavía).
Ergo, soy pseudo adicta a los posit, tengo una pizarra en mi oficina, anoto todo en la agenda y apenas me comprometo para algo, le digo a mi asistente -incluso antes de cortar el teléfono- cuál fue el compromiso recién adquirido para las próximas horas, semanas o meses. Me mando correos a mí misma y tengo una carpeta PENDIENTE en el outlock. Soy de las que ocupa Facebook para ver los cumpleaños y le pido a la tía del jardín que anote todo lo que sea necesario en el cuaderno de mi hija mayor, el refrigerador de mi casa parece diario mural y cada vez que voy a Casa & Ideas salgo con un nuevo set de imanes, porque nunca son suficientes para los mil recaditos que debo anotar a diario.
Y sí, tengo poco tiempo para estudiar, curso el diploma en medio de mamaderas, pañales, jardín, pega, compras del super y un cuantohay más.
Mis hijas me interrumpen en medio del estudio con un "mamá pipí" (la mayor) o simplemente con un aroma a caca indicándome que es momento de mudar (la menor). En algunas ocasiones, llaman para pedirme brazos o simplemente un nanai en la dodilla. Entonces interrumpo de sopetón la lectura y soy 100% madre, la retomo cuando puedo y vuelvo rápido al párrafo o idea antes abandonada. Por qué? porque mis papers están subrayados con lápices fosforescentes. Porque no mantengo "el orden", pero si trato de mantener "mi orden". Porque es lo que a mí me funciona. Y el que diga que soy ñoña, que trate de ser multifuncional primero y luego vea si todavía quiere tirar la primera piedra.

martes, 6 de julio de 2010

Un mes sin escribir...Hoy, solidaridad de género???

Hay ciertos indicadores en la vida de todas las mujeres que nos ponen en alerta. Cada una tiene los propios: cuántos días sin depilarnos, sin teñirnos, sin ir al ginmasio, sin hablar con la mejor amiga, sin tener buen sexo, sin dormir bien, sin comprarnos algo que nos guste o sencillamente necesitemos, etc. Son señales inequívocas de que algo anda mal, de que el tiempo, al menos, el dedicado "a una misma" escasea. En mi caso, desde mi época de estudiante cuando pasaba algo muy heavy en mi vida -desde prueba coeficiente dos hasta el día de mi boda- y el stress me comía por dentro (mientras yo por fuera también me lo comía todo de pura ansiedad), me daba ataque con cuática al colón. Era, como dice una colega la señal de "luces rojas" o mi propio "Houston, we have a problem".
Hoy - cuando enfermarme yo misma se ha convertido en un lujo que según mis hijas y mi pega no me puedo dar- mis episodios de máxima demanda quedan de manifiesto simplemente por no haber hecho catarsis en este blog por más de un mes... ergo, ahora
Ni se piensen que no he necesitado escribir, que va!, al revés, he requeterequerido desahogarme, y por eso mismo es que no lo he hecho: el tiempo, el ánimo, el sueño, el trabajo, y un largo etc. me lo han impedido.
Y aquí estoy, frente al computador (nuevo, por lo demás, cuyas teclas y su distribiución aún no acabo de comprender) con el síndrome de la hoja en blanco, bueno, la pantalla en blanco para ser más rigurosa. Tantas cosas que decir que ya ni se por donde empezar, me siento total y absolutamente sobrepasada.
Vengo llegando de un viaje de pega a Europa (que suerte, dirán algunas... no se engañen por favor!). Digo llegando porque si bien llevo una semana en Chilito, no he tenido tiempo ni para revisar las fotos. Me bajé el lunes del avión y ese mismo día en la tarde ya estaba en onces familiares, repartija de regalo y obviamente, sacándole el jugo a mis hijas y mi marido, que quedaron probablemente con hematomas después de tantos abrazos. Al día siguiente, en la pega produciendo, organizando un megaevento del trabajo para ese mismo jueves y leyendo contra el tiempo los paper del diplomado, mientras llamaba a Help porque los pollos chicos tienen rinofaringuitis otra vez y mi jefa me retaba (con justa razón) por llegar a las 10 de la mañana en vez de a las 9:30. Flor!
Para peor, en la oficina todos me miran con cara de envidia, como si hubiera vuelta recientemente de vacaciones en alguna isla paradisiaca del Caribe; y no de conocer a full en apenas dos semanas todo lo que pude sobre la materia de la pasantía y los clichés de Barcelona, Madrid y París (la torre, el arco, la Sagrada Familia, etc, etc, etc. Y sí, son bonitas, sí, los franceses son guapos y cochinos y no, no me subí a la eiffel, al vi de afuerita no más).
Hacer todo y hacerlo bien. Ufff, víctima de mi propia trampa de nuevo. Como dice el refrán popular, quien mucho abarca, poco aprieta, o poco disfruta, como sería mejor dicho en mi caso. Europa fue intenso, bonito, enriquecedor, pero vamos, que hasta ahí no más llego.
La vuelta, como ya les decía, tampoco ha sido de miel sobre hojuelas. Tengo sueño, nunca me terminé por acostrumbrar al horario, y 17 días después, cuando ya sentía que lo lograba, me vine de vuelta.
Allá, uds. me entenderán, trataba de conectarme a las hora en que las niñas acostumbraban verme llegar -19:00 app. hora chilena- lo que daba un plazo fatal de la 1 de la mañana en "las Europas". Y a la mañana siguiente reunión. Qué decir cuando se me ocurría esperar a mi marido, me daban las 3 de la madrugada sin problemas. Sacrificado?, no, el sacrificio habría sido no verlas a la hora que al menos para ellas, era la de siempre.
Acá, back to reality, me dan ganas de dormirme a las 10 de la noche (imaginarán la felicidad de mi esposo, pucha que fome la señora que le mandaron de vuelta de España!!) y me da hambre a las horas más increíbles.
Mi jefa, con un hijo más grande y sin marido que atender, anda como lechuga. "Dormí todo el fin de semana", me comentó el otro día. A un niño de 13 años debe ser más fácil explicarle que la mamá está cansada que a dos guaguas de 3 y 1, supongo.
Y esto me lleva a la reflexión de hoy (que manera de darme vueltas, no???, para que vean que ando dispersa). Las mujeres somos, a ratos, muy pocos solidarias, primero con nosotras, y segundo, porqué no reconocerlo, con el resto del género. Tenemos mala memoria, olvidamos cómo era cambiar pañales con rapidez; indicamos con tono de reproche la mancha de leche en la blusa de la colega que amamanta antes de entrar a reunión; no entendemos cómo si las guaguas se despiertan temprano, la madre de las mismas no llega antes de las 8:00 a la oficina, porque claro, invisibilizamos el ritual previo a cada salida. Y vamos más allá: tratamos de suelta a la soltera que, oh envidia, tiene todo su derecho a pasarla bien e irse de carrete hasta que se le apague la tele; o de superficial a la que se puede gastar toda la plata del sueldo en ropa; o de irresponsable a la que se hace un test de embarazo toda urgida en el baño de la pega porque tuvo una "noche loca" con el novio.
Somos tan duras con nosotras y entre nosotras que a ratos, damos susto. Nos ha costado tanto llegar a donde estamos (y nos falta aún tanto para lograr igualdad de sueldos, de reconocimientos, de cargos públicos, de responsabilidades, y nuevamente, un largo etc.) que nos defendemos como leonas entre leonas; en vez de hermanarnos, de cobijarnos, de regalar y recordar que nosotras, algún día, estuvimos o estaremos exactamente donde está la mujer que tenemos justo al lado.