Hace rato no escribía... No fue por falta de ganas, de temas, de inspiración... No, básico: fue falta de tiempo. Por la pucha que es escaso este bien! y no, no soy yo no maestro, es el mal del siglo XXI y hasta donde veo, afecta en menor o mayor medida a la humanidad casi completa. Si ya parece pandemia la tontera (aunque la OMS nunca se ha pronunciado al respecto). Sí, un mal que a las que nos dividimos en 3 (o 4,5,6,10), nos afecta con cuática.
Recapitulemos, estoy colapsada: En exactamente una semana más me voy a España (acá es donde un tercio me mira con cara de incredulidad, el otro tercio con cara de envidia, y el resto descorcha una botella de champaña y me felicita... bueno, probablemente menos de un tercio y lo de la botella de champaña es too much).
Y sí, claro, estoy contenta, por primera vez en mi vida y recién a las 31 cruzo el Atlántico. Sé que: es una oportunidad enorme, debo estar agradecida, me voy gastos pagos (aunque es sabido que los viáticos en el ámbito académico son harto discretos), son "apenas" dos semanas y estas experiencias no se dan muchas veces en la vida; o al menos no para la clase media de este país que prioriza la educación de los pollos chicos, el dividendo y la compra de un auto más grande apenas se pueda (¿han tratado de sentar a la abuela, la hermana, la niñera o a quien se sea en medio de las dos sillas de bebé del vehículo?. Es como los concursos de sábado gigante donde había que adivinar cuántos energúmenos apretujados cabían dentro del mini).
Ya, estamos claros con eso (el agradecimiento, la oportunidad, la gran experiencia, la pata de la guagua, la cacha de las espada y todas esas vainas). Pasemos a lo siguiente... igual tengo pena.
Sí, me han pintado que estar dos semanas sin hijas, marido, pañales, reuniones de apoderados, compras en el súper, idas a la librería por los útiles, noches haciendo plumeros, visitas al pediatra, al vacunatorio, a la casa de mis suegros y un largo etc. equivalen a una suerte de estadía junto a los dioses del Olimpo, a horas de spa, a la un all inclusive en las termas de la felicidad plena. Pero estos últimos días me he sentido infernal. Paso de la efervescencia del viaje, al stress de tener que dejar 48 cosas listas antes de partir -desde la comida de los perros hasta la quién va a llevar y traer a la Ale del jardín- y a eso, claro, se suma la melancolía enorme que me da cada vez que abrazo a mis hijas.
Las pobres, de 1 y 3 años, no cachan mucho porque la mamá hace un par de semanas las apreta tan fuerte, tanto rato, le dio por olerles el cuello y despedirse cuatro veces de cada una antes de salir.
Mi consuelo: la más chica ya dio sus primeros pasos (me daba un síncope si se largaba a caminar conmigo a miles de kilómetros), y ya tengo todo más o menos organizado para el día del papá (en el Jardín la mayor hará fijo alguna manualidad a base de cono de papel confort, ya tengo el regalo oficial comprado y coordinamos con la niñera toda la dinámica de entrega). Pero no sé, me siento media disfórica o bipolar de a ratos. Estoy dichosa!!!!, pero tengo ganas de llorar...Lo peor de todo, es que la gente (acá no divido en tercios, el 100% me ha dicho lo mismo), comenta que tengo que estar enferma de la cabeza por sentirme así antes de partir a Europa, que cuando vea la Sagrada Familia en vivo y en directo se me va a pasar "la tontera", que basta una ida a Desigual a comprar lo que en Chile llegará recién en 5 meses más para reirme sola, que la culpa no va con las mujeres del siglo XXI, que hay que ser profesional, que las niñas van a estar bien (como si eso bastara para no extrañarlas) y que no soy imprescindible en la casa (juro que eso no tiene nada que ver, ya expliqué que la Carolita las cuida mejor que yo y que mi marido es un 10 en las laboras hogareñas).
No soy yo la bipolar, es esta sociedad. Pasamos de un extremo a otro. Antes, las mismas personas que ahora cuestionan mi "mamonismo", me habrían apedreado en la calle por dejar negligentemente a mis hijas pequeñas sin su madre por dos eternas semanas. Hoy, reconocer que las voy a extrañar, es juzgado como un signo de debilidad en un mundo donde las mujeres prácticamente hemos tenido que masculinizarnos para poder competir (o intentar competir) de igual a igual frente a los hombre en el desalmado mercado laboral.
Y sí, voy a ser feliz de tapas por Madrid, voy a ser profesional mientras dure la pasantía y voy a sobrecogerme cuando me pare frente a la Sagrada Familia, pero saben por qué?, porque voy a pensar en la mía, en MI familia. Y en que si bien, se abre ante mi un viaje maravilloso, sería aún mejor si pudiera contemplarlo a través de los ojos de quienes más quiero... Quizás, por el momento, es mucho pedir recorrer Europa abrazada de mi marido mientras las pollos estiran sus manitos para indicar todo aquello que les llama la atención. Pero no es tanto pedir un poco de empatía maternal y solidaridad de género. O sí?
Viva el spot de chocapic!
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viernes, 4 de junio de 2010
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